En el Sakuteiki, el tratado de jardinería elaborado por un autor anónimo en Japón en el s. XII, se dice que «las piedras deben erigirse siguiendo la forma de construcción que dejaron los sabios de la antigüedad, teniendo en cuenta la intención del señor de la casa y envolviendo todo con su propio fuzei».

Este concepto, que se considera una de las claves principales de los jardines zen, podría traducirse literalmente como «el aliento de la emoción». En algunos de los templos zen más remotos de Kioto y Kamakura, varios de los cuales permanecen cerrados para la meditación la mayor parte del año, Sebastian Paramio ha intentado capturar el aliento invisible que sigue soplando en esos paisajes construidos para la mirada interior.