«Quand je vis je ne me sens pas vivre. Mais quand je joue c’est là que je me sens exister»

Antonin Artaud. The Theater and its Double

Decía el dramaturgo ‘loco’ del surrealismo Antonin Artaud que ‘Cuando vivo, no siento la vida. Es cuando actúo cuando siento que existo’.  Y es aquí donde la lengua francesa nos ayuda también a ‘ver’ la vida ya que el verbo francés para actuar, tocar, también se traduce como ‘jugar’.

Jugamos cuando nos quitamos nuestros ropajes cotidianos, cuando nos abrazamos a un instrumento, cuando nos convertimos en ‘otra’ persona o cuando dejamos que nuestro cuerpo encuentre en sí mismo una esencia a veces perdida en nuestras sociedades abandonadas.

¿No es acaso el arte una manera de volver a ser niños? ¿de volver a impresionarnos por una realidad externa que nos confunde y embriaga?. Frente a nuestra realidad social de leyes, reglas y convencionalismos, el arte y en este caso la danza nos vuelve a conectar con ese ser sorprendido e ilusionado. 

Paula Quintana y su danza es un hermoso ejemplo de esa búsqueda insaciable del artista por volver a encontrar en sí mismo la verdad que tanta cotidianeidad nos esconde. Una realidad que sólo es aprehensible si miramos en ese espejo que es nuestro interior y que el arte nos ayuda a descifrar.